FINANZAS: Presentación Documentos

Protesto de una letra de cambio por impago de un efecto creado en Manchester

Fecha: 1860, Enero, 30.

Referencia: AHPB, 1.236/42: Josep Manuel PLANAS I COMPTE, Protocolo en el que se continuarán las escrituras e instrumentos públicos, 27-XII-1859 / 30-VI-1860, f. 114v-115v.

Palabras clave: Finanzas, Letra de cambio, Manchester, Vidal Quadras.

Contenido: La firma de banca Vidal Quadras Hermanos presenta en protesto por falta de pago una letra de cambio hecha por la firma Daniel Forwell en Manchester, el 30 de diciembre de 1859, por un importe de 112 libras esterlinas. La letra, redactada en francés, debía de ser pagada por Pere Llauradó, de Barcelona, quince días después de haberle sido presentada a la vista. El 13 de enero ya había sido protestada por falta de aceptación y ahora se vuelve a protestar por impago. La letra fue de Manchester a Londres, luego a Zaragoza y, finalmente, llegó a Barcelona con cuatro endosos sucesivos. En la fecha de pago, y ante el notario, Pere Llauradó afirmó que no la pagaba porque no había recibido las mercancías por las que había sido creada la letra.

Contexto: Las letras de cambio aparecieron en Europa en el siglo XII y pronto se convirtieron en el medio de pago a distancia más importante. Redujeron enormemente los costes de cobrar o pagar a larga distancia, ya que este documento de papel era muy ligero para viajar, permitía ser traspasado con una sencilla firma en el dorso (endoso), reducía el riesgo que suponía pagar a distancia con moneda de oro o plata e incrementaba la liquidez porque se podía crear con facilidad. Este sencillo instrumento financiero hizo avanzar la integración de la economía y los mercados europeos, a pesar de las barreras físicas, las fronteras o el proteccionismo. En el siglo XIX la utilización de letras de cambio llegó a su zénit. Cada año se creaban y pagaban millones de letras de cambio por valor de decenas de millones de pesetas. En 1860, los notarios de Barcelona hicieron 2.055 protestos sobre unos 1.875 efectos mercantiles, tales como letras de cambio y pagarés. Los efectos que no se pagaban eran el 1% o menos de los creados, según fuera año de crisis o no. El descenso en la utilización de letras de cambio se inició en Europa a mediados del siglo XIX, cuando en Inglaterra, Francia y otros países industrializados los bancos abrieron agencias y sucursales en red y, para cobrar y pagar entre sus propios clientes de localidades lejanas, se utilizaron las transferencias bancarias, más inmediatas y de menor coste.