Fecha: 1426, Agosto, 6.
Referencia: AHPB, 54/84: Joan NADAL, Manuale instrumentorum contractuum comendarum septimum, 10-II-1420 / 8-X-1430, f. 19r-v.
Palabras clave:
Contenido: Bartomeu Tort, mercader, ciudadano de Girona, recibe en comanda de Blanca, esposa del honorable Lluís de Gualbes, ciudadano de Barcelona, la cantidad de 53 libras, 5 sueldos y 2 dineros moneda barcelonesa, implicadas en seis paños de lana de Girona para llevar a Rodas con la galera del venerable Lluís Sirvent, pagadas las generalidades (entradas y salidas) y otros impuestos como el flete. El mercader promete invertir allí el importe de su venta en trigo o candeal, en su defecto en una esclava de entre 12 a 25 años de aquella nación o, en defecto de estas dos inversiones, en jengibre baladí. La cuarta parte del beneficio obtenido será para el mercader y las tres partes restantes para Blanca, la que recibirá, además, el capital inicial y asumirá el riesgo.
Contexto: La comanda, tanto la mercantil como la marítima, es uno de los contratos más propios y abundantes de los registros medievales barceloneses. Situado a medio camino entre el simple depósito y la sociedad mercantil, era un contrato transitorio, ya que se pactaba para una sola operación. Su estudio permite analizar, además de las relaciones económicas y personales que se establecían entre los diferentes sectores burgueses, la actividad comercial y mercantil de la ciudad de Barcelona, primero con los puertos del Mediterráneo y, después, con otros mercados atlánticos, del norte de Europa y americanos. El Mediterráneo oriental fue una de las rutas más ricas y prósperas del comercio medieval barcelonés y catalán. Más allá del estrecho de Mesina, unas naves navegaban por las islas griegas y se dirigían a Constantinopla, mientras que otras hacían escala en Rodas, lugar de residencia de una importante colonia catalana, y se dirigían a Beirut (Siria) o Alejandría (Egipto). En los puertos de destino, los catalanes vendían productos agrícolas (azafrán, aceite) y de fabricación (trapos, dagas, coral) y compraban materias primas (alumbre, cera, cobre, algodón), esclavos y especias (jengibre, pimienta, canela, laca, incienso...). Las especies eran productos de procedencia lejana, caros, fáciles de transportar y susceptibles de dar un margen amplio de beneficios.