Fecha: 1395, Agosto, 31.
Referencia: AHPB, 58/88: Bernat NADAL, Prima manus anni XC.V. liber tercius, 9-VII-1395 / 19-X-1395, f. 113v-114r.
Palabras clave:
Contenido: Bartomeu de Moles, párroco de la iglesia de San Miguel de Barcelona, presenta un requerimiento a Francesc Parer, mercader de esta ciudad, en relación a un esclavo que éste le había vendido. En mayo del año anterior, Francesc Parer había vendido a Bartomeu de Moles un esclavo llamado Martí, por el precio de 40 libras y afirmando que era tártaro (“de linatge de Tartras”). Y ahora, dicho esclavo, con el ánimo de conseguir la libertad, se había sometido a la jurisdicción episcopal, alegando que no era tártaro, sino griego y cristiano de naturaleza, nacido en la ciudad de Petraix, y pidiendo la libertad. Por ello, el rector Bartomeu Moles requiere el mercader Francesc Parer que se oponga al pleito planteado por el esclavo o bien le devuelva el dinero del precio pagado por él.
Contexto: La esclavitud era un fenómeno usual en la Barcelona medieval y la compraventa de esclavos es bastante presente en los protocolos. Los esclavos eran siempre gente foránea, con frecuencia cautivos de guerra. Sin embargo, a partir del siglo XVI, la esclavitud ya no fue tan bien vista por las restricciones de la Iglesia y de algunos moralistas. En Barcelona, tanto los obispos como la Corona se preocuparon de ayudar a los cristianos cautivos, particularmente los griegos, reclamando su derecho a recuperar la libertad. Incluso, algunos esclavos cristianos eran acogidos en el palacio episcopal y declarados libres. Y esto en contra del Consejo de Ciento, que favoreció a los ciudadanos que eran propietarios. Precisamente, en 1395, el rey Juan I determinó que los esclavos que pidieran la libertad lo tuvieran que hacer ante el tribunal del alcalde y no ante ningún otro juez u oficial, bajo pena de muerte. En 1399, Martín el Humano ratificó esta norma e incluyó en la prohibición al obispo de Barcelona y a sus oficiales.