Las actividades artesanales y la protoindustria se han convertido en las últimas décadas en un campo preferente de estudio para los investigadores. Frente a otros tipos documentales, como las ordenanzas gremiales, los fondos oficiales y la documentación municipal, los protocolos con su amplia y rica tipología -contratos de aprendizaje y de trabajo, de obras, de constituciones de sociedades, de gremios...- son básicos para analizar aspectos relacionados con las técnicas artesanas anteriores al siglo XVIII, la organización corporativa, los procesos de industrialización, el mundo de las fábricas, la producción, los precios o el consumo.
Barcelona desplegó, desde los siglos de la baja edad media, una actividad primero manufacturera y después industrial de primer orden y muy diversificada. Por ello, en los protocolos de la capital catalana, están muy presentes los contratos de la mano de obra que la sostenía, incluidos los esclavos, generalmente cautivos de guerra. Y, a partir del siglo XIX, la formación de todas las sociedades y empresas que han sido clave en el proceso de formación de la Cataluña industrial, especialmente de aquellas de mayor potencialidad, relativas a infraestructuras básicas (ferrocarril, puerto, alumbrado de gas, electrificación...), que contaban con capital extranjero, como francés, británico, suizo o polaco.