Fecha: 1703, Mayo, 7.
Referencia: AHPB, 875/31: Francesc SERRA, Decimum quintum manuale instrumentorum, 26-XII-1702 / 24-XII-1703, f. 254v-255v.
Palabras clave:
Contenido: Josep Aparici, mercader de Barcelona, reconoce que los albaceas del también mercader barcelonés Sebastià de Cormellas y de su hijo Josep Cormellas, doctor en ambos derechos, le han pagado 666 libras, 12 sueldos y 10 dineros, correspondientes a 1.606 libras moneda tornesa, mediante un documento de cambio firmado el 22 de abril anterior. En este caso, Josep Aparici actúa en calidad de procurador de Jaume Anisson y Joan Posuel, unos de los principales y más reconocidos libreros de Lyon, e igualmente en nombre de sus socios, Joan Anisson y Claudi Rigaud. Esta suma era parte de la cantidad total debida a sus principales o representados, los libreros Anisson y Posuel, por el magnífico José Cormellas, como precio de varios libros que éste les había comprado y ellos le habían enviado desde Lyon el 8 de abril de 1699. El documento relaciona los pagos que se habían ido haciendo en diferentes fechas, alguno de ellos en París y otros en Perpiñán.
Contexto: Josep Aparici Fins (1654-1731), geógrafo y miembro de la burguesía mercantil barcelonesa, fue uno de los principales colaboradores de José Patiño en su obra de racionalización fiscal de Cataluña y contribuyó a la elaboración del Catastro de 1716. Miembro de la Academia de los Desconfiados, es calificado de preilustrado y es autor de varios trabajos de geografía sobre el principado de Cataluña y también de economía. Gran aficionado a la lectura, hizo de intermediario entre los libreros e impresores locales (Joan Pau Martí, Rafael Figueró, Ramon Ferrer...) y foráneos (de Lyon, de Génova ...) y estableció unas relaciones fluidas entre ellos. Unas relaciones dificultadas por la Guerra de Sucesión pero no interrumpidas, ya que los tratos se realizaban mediante mercaderes que comerciaban con las dos obediencias, austriacista y borbónica. Por otra parte, los Cormellas provenían de una notable saga de impresores, que habían desarrollado su actividad en la Barcelona de los siglos XVI y XVII. Se cree, incluso, que la imprenta visitada por Don Quijote de la Mancha, en la segunda parte de la novela, representa el taller barcelonés de los Cormellas situado en la calle del Call. Cervantes podía haberlo conocido personalmente en su visita a la ciudad condal en 1610.